Crítica de Cyrano de Bergerac de Rostand

Yo leo bastante. El doctor me recomienda que lea y haga ejercicio para mantener la mente y el cuerpo activo.

Leía y corría a la vez así que me lesioné al tropezar a la vez con Cyrano de Bergerac y Tristán (un setter irlandés de color café). La culpa fue completamente mía porque estaba tan metido en esa parte que dice “No gracias” varias veces, que me colé en el Pipi Can y me llevé por delante al pobre Tristán que estaba consultando no se qué datos del catastro por una cosa de un alquiler.

Los dos rodamos por el suelo y menos mal que no le rompí las gafas porque eran progresivas y las tuvo que financiar. Las financieras hacen su agosto con los perros.

Desde aquel incidente corro o leo pero nunca al mismo tiempo. No leo ni los carteles para no colisionar con ningún perro y por eso a veces me pierdo y cuando paro no sé donde estoy y tengo que sacar el billete de emergencia y pedir un taxi o mascarpone fresco (lo que llegue antes)

Crítica literaria de Cyrano de Bergerac (lo que he leído)

¿Habéis leído Cyrano de Bergerac? Pues es la repanocha. Es la historia de un señor francés del siglo XVII que tiene unas napias así de grandes, se llama Cyrano. Nació en La Gascuña (Gascuña es una palabra que me hace un poco de risa)

Pues resulta que Cyrano es Gascón y soldado pero, además de ser pendenciero y beber un poquillo de más aunque no sea nochebuena, ni partido de Champions ni nada, también es un poeta porque escribe de fábula.

Aviso: es un libro que escribió Rostand que era otro señor y no una marca francesa de máquinas de escribir como yo pensaba al principio. Es un libro y una obra de teatro y también una película en que sale ese actor tan famoso que es francés también pero a veces habla en inglés.

Pues eso, que me lío. Cyrano va un día al teatro y ve que está actuando un tipo que no le gusta un pelo. La cosa es que todo el mundo sabe que se va a liar porque Cyrano tiene un carácter de toma pan y moja. Tú vas un día a La Nueva Condomina y está jugando Goitom que te pone de los nervios porque, seamos sinceros, es un poco chupón… y como mucho pegas un par de gritos, peeero Cyrano va más allá.

Se  cabrea un montón y le amenaza de gravedad. Le llama gordo y más cosas, que como se las dice en versito parece que no, pero van con muy mala baba y ofenden tela.

Resulta que en el teatro está su prima (la de Cyrano, no la del gordo) que se llama Roxana que estaba ahí con un “amigo” que es el Conde de Guiche que quiere beneficiársela.

Lo de la nariz

Aquí se lía la de San Quintín porque un “no hay bemoles” en toda regla. Cyrano es un poco sensible con el tema de su nariz y no le gusta ni un tantito así que hagan chistes al respecto (y menos delante de su prima a la que ama en secreto desde que eran niños).

De Guiche le dice a otro insensato que vaya él a decirle cuatro cosas, este accede para quedar bien con De Guiche y se lía una…

Es mi parte favorita del libro porque el propio Cyrano empieza a decir cosas de su nariz, así como ridiculizándose a sí mismo (que si elefante, que si pájaro, que si una montaña…). Pero ojo que ya le va avisando que le va a dar pal pelo. ¡Y vaya que si le da!… “al finalizar os hiero” dice y hace.

Me gusta bastante que a los chulitos se les ponga en su sitio. Yo tengo un compañero de la oficina que me pone de los nervios. Es un imbécil –perdón por la palabrota- y es que no puedo con él. Si esto fuera el París del siglo XVII ya le había metido yo media docena de estocadas tras la tapia del cementerio, pero como estamos en los años 2000 me limito a vaciarle la grapadora en el café y quitarle la antena del coche.

Después de esto pasan más cosas pero no las voy a contar todas porque no compraríais el libro de Rostand y debe ser un señor mayorcísimo ahora mismo que necesitará cash para viajar con el Imserso o lo que tengan en Francia para llevar a los abueletes a Benidorm.



Cyrano y Roxana (y el soso de Christian)

Lo que sí os voy a contar es que Roxana le dice a Cyrano que venga a casa que le tiene que contar que está enamorada. Mira: Cyrano se piensa que quiere que le pida para salir y se lleva un chasco que no veas cuando le dice que el que le gusta es un tal Christian que sirve en su compañía. Cuando pienso en esa carita me imagino, más o menos, la que puso Djukic cuando falló ese penalti.

Cyrano, que para su prima es un pedazo de baguette, va a buscar al tal Christian que resulta que leía menos que un central del Sevilla que todos sabemos y era igual de chulito (hasta le hace un comentario sobre lo de la nariz que se salva por ser quien es).

la cara de Cyrano de Bergerac cuando Djukic falló el penal
la cara de Cyrano de Bergerac cuando Djukic falló el penal fue un poema, como el resto del libro.

Para Roxana es superimportante que su pretendiente se sepa expresar, que no diga oyes, ni cocreta ni cosas así con lo que Cyrano se ve obligado a hacerle hace la cobertura para que a la chiquilla no se le quede la cara de Djukic también.

Ahí tenemos a todo un soldado de La Gascuña escribiendo cartas en nombre del cadete e incluso se esconde detrás de una adelfa y le dice “tu dile que está muy guapa”, “que vaya pelazo” y tal, pero se lo dice en francés y queda mucho más romántico, claro.

Con lo que me quedo

Ahora que lo pienso no sé cuál es el final. Resulta que después de chocar con Tristán se me cayó el libro a un charco y sólo pude leer fragmentos sin barro. Espero que al final Roxana se diera cuenta que Christian era más bruto que un arado y que Cyrano era un tipo estupendo, que les tocase la primitiva y se fueran a vivir a otro sitio.  A, y que a  Deguiche le cayese una gárgola en todo el melón.

Me gustó mucho lo de Cyrano de bergerac. Es bonito que la gente que sepa hablar bien y escribir también pueda matar al que le toca las narices y quedarse tan pancho. No sé, es una mezcla de Dartagnan y Camilo José Cela bastante interesante.

Mi puntuación

Me ha gustado muchísimo: 5 estrellas

Pues oye

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