Crítica literaria: en el camino de Delibes o Kerouac

Sigo pensando en libros que leí hace tiempo. No sé el motivo exacto pero prefiero pensar en eso que en otras cosas como el modelo 300 de la agencia tributaria, recetas con altramuces o la razón por la que Borita Casas eligió el nombre de Antoñita para Antoñita la fantástica.

Ahora mismo estaba pensado en El Camino pero no sé si lo escribió Miguel Delibes o Jack Kerouac.

Es la historia de Daniel El Mochuelo que no es un pájaro nocturno, lo de Mochuelo es un mote como lo de Tarzán Migueli o Rambo Petkovic (qué malo era, virgen santa)

La cosa es que Migueli era un niño de un pueblo de Cantabria. ¿Migueli? no, no… Daniel El Mochuelo era un niño de un pueblo de Cantabria, Migueli era un jugador ceutí que triunfó en el Barça pero es que me está hablando un señor y me despista, un momento que le digo que se vaya.

Ya se ha ido.

Daniel El Mochuelo es un niño de un pueblo de Cantabria en plena posguerra. En ese valle tan bonito se dedica a hacer lo que hacían los niños de la posguerra en España: pasar hambre, tirar piedras y cepillarse a algún que otro tordo.  Bien, la cosa es que es su último día en el pueblo y está rememorando las cosas que le han pasado durante su infancia allí.

Se acuerda de cuando pasaba hambre, cuando tiraba piedras y cuando se cargó a aquel tordo gordo como una urraca. Es un poco triste porque empieza en un plan muy melancólico.

Habla de la gente del pueblo, de su amigo Germán el Tiñoso que, en este caso no era un mote, lo que pasa es que tenía la tiña y estaba hecho una pena. No le cojáis cariño porque el atontao iba persiguiendo una culebra y se mete un golpe en la nuca que se queda en el sitio. En su honor Dani se carga un tordo (que era como el spinner de los pueblos de la posguerra pero aligerando la población de Turdus)

Ahora que salen los Turdus a relucir, resulta que El Mochuelo también se acuerda de otro amigo al que llaman Roque El Moñigo. Un mote que es casi una palabrota pero, en todo caso, es muy desagradable. En lo de los motes salió ganando el Mochuelo. Roque es corpulento y más listo que el hambre, bueno es corpulento para lo que entendemos en un niño de 11 años, que le da un tortazo un señor con gabardina y es que le quita la cara.

Rememora todas las peripecias, los primeros amores, las noches mirando a las estrellas, orinando en los hormigueros, pasando hambre, tirando piedras y matando tordos.

Rumbo a California

El padre de Daniel quiere que vaya a Madrid a terminar los estudios, pero entonces conoce a Dean Moriarty y a Carlo Max que eran dos prendas que se drogaban y todo. Dean y Carlo le dicen a El Mochuelo que se vaya con ellos a California a fundar la generación beat, viajar en trenes de mercancías y pasar hambre.

Claro, como Daniel estaba acostumbrado a pasar hambre en español pensó en irse a Estados Unidos y hacerse bilingüe en lo de pasar gazuza. Además quería saber cómo se llamaba a los tordos en Chicago o en Denver y le gustaba la idea de escuchar Jazz y andar detrás de chicas de las que se dejan, que en el pueblo La Mica no le hacía ni puñetero caso (perdón por la palabra)

Mira: montan unas que si se enteran en el pueblo ni se lo creen. Se hacen así como un poco yeyés que, con la que estaba cayendo en este país, les habría supuesto ser juzgados por la ley de vagos y maleantes.

Pero a ellos les da un poco igual. Están todo el rato de Nueva York a California y vuelta haciendo autoestop, como si eso fuera como ir el fin de semana a Aranjuez.

Dicen que el libro es una metáfora de cómo la vida rural te puede convertir en hipster, pero yo no lo afirmaría tan rotundamente.

Lo que sí saco son algunas enseñanzas como eso de «No puedes enseñar al viejo profesor una nueva canción» signifique lo que signifique y que no se le debe dejar la camisa de lana según a quién, porque luego se sube a un camión y ahí te quedas tú: sin camisa y a miles de kilómetros de Galerías Preciados.

También aprendí que ya no existen Galerías Preciados, Celso García ni Sepu.

Como curiosidad decir que el libro se escribió en un rollo de papel continuo y claro, al final pasa lo que pasa y lo que empieza como un rollo acaba como un rollo.

Mi valoración

La parte costumbrista me gustó más aunque me dio un poco de pena. La otra ya me aburrió más, no me gustó. De hecho prefiero pensar en Tarzán Migueli.

 

Pues oye

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