Crítica de El Señor de los Anillos

Huy este libro es gordísimo y me lo leí hace la tira y además lo leí a la vez que Los Episodios Nacionales con lo que se me juntan un poco los personajes. Intentaré sacar algo en claro.

Empecé El Señor de los Anillos en 1987. Lo sé porque fue el año que el Atleti fichó a Alemao y el Milán a Ruud Gullit por 18 millones de florines neerlandeses (un pico aquí y en los Países Bajos) [Paises Bajos me hace gracia porque suena como a querer decir «partes pudendas»].

También me acuerdo porque ese año me hice un esguince escapando de una calabaza antropomorfa y porque estuve un poquito obsesionado con el 1,2,3.

Crítica literaria de El Señor de Los Anillos

Todo lo que voy a contar ocurre después de El Hobbit que parecía un cuentecito pero es el germen de un tochazo de libro de mil pares de narices (mi edición tenía 549 páginas, lo sé porque me acuerdo que pesaba tela)

Esto empieza con un señor Vizcaíno bastante bajito que tiene una sociedad gastronómica de gente bajita. El nombre del protagonista no se sabe porque todo el mundo le llama por su mote: Bilbo (que debe ser por que era de la zona)

Los demás son también del norte pero como asturianos o así, si no llamarían a Bilbo Patxi o lo que fuera.

La cosa es que es el cumple del protagonista y decide montar un fiestón con toda la cuadrilla: zuritos, angúlas, cocochas y lo que sea.

Para celebrarlo vienen amigos de todas partes incluido un señor altísimo y muy anciano que se llama Gandalf El Gris. Es un tipo que no destaca por nada en particular, que nunca quiere hacer planes chulos y que mueve así los hombros cuando le preguntan y que sólo quiere estar en pantuflas con su colección de Airgam Boys (pero no tiene ni siquiera el Romano Pretoriano ni el Policía Montada del Canadá que son de los que están chupaos)

Bueno pues en plena fiesta cuando están todos medio achispados ya con los cafés, los orujos y los niños con los frigopies o minimilks, Bilbo se marcha a la francesa y se quedan todos con tres palmos de narices.

El sobrino que se llama Frodo (suena un poco como a Koldo) le empieza a buscar pero no lo encuentra por ningún sitio. Va al caserío que está ahí al lado y se encuentra una nota y una copia simple del testamento en el que le lega todo, también le deja un anillo y le dice «ojo con esto que es malísimo para lo tuyo» y él se piensa que son los triglicéridos o algo así, pero no.

Le dice Gándalf El Gris: «resulta que en la antigüedad se forjaron varios anillos para los hombres, los elfos, los enanos y creo que uno para la gente de Murcia» pero que son mágicos y encierran el mal después de una reyerta que se montó que acabó peor que aquel partido que jugó la selección de México contra el Atleti de Madrid.

Frodo le dice a Gandaf: «¿y qué hago yo con esto?» y el otro le contesta «llevo plantillas de carbón activo para que no me canten los tachines y si me río mucho me mareo»

Frodo dice: «pues me piro de aquí y me llevo esto que si te lo pones desapareces y te da un mareo como si te tomas un carajillo cargado o una palomita o un solisombra». Se quiere ir solo pero los amigos se van con él porque están muy unidos y son de la misma peña del Atlethic (aunque algunos son de Navarra, Logroño y uno  de Tudela)

Se van medio escondidos pero cantando por un bosque oscuro, conocen a Tom Bombadil que es un vecino y también canta. Un señor excéntrico que no está medicado ni nada de nada. Teniendo en cuenta que van a Bree lo más seguro es que lo conocieran en Iparralde, pero en el libro el mapa está fatal hecho.

Cuando llegan a Bree se van a comer queso a una fromagerie o un cafetín que se llama el «Pony Pisador» y conocen a un tal trancos que es un personaje importante.

Llegan los Carlistas contra la regencia

Hacia la mitad del libro la cosa se pone interesante. La cuadrilla de bajitos resultan ser mucho mejores de lo que se imagina uno. Son como Xavi, Cesc, Iniesta y Silva. A ellos se les junta uno pequeño también pero que mete buenos hachazos, sería más o menos como Cannavaro y luego uno tipo Guardiola en sus buenos tiempos y dos con mucha envergadura y buen juego aéreo.

No recuerdo en qué momento ni qué tiene que ver con el anillo, pero entre Saurón y Maria Cristina se las tienen tiesas. Uno dice a mí no me calientes con la regencia que me la paso por el ojo y te suelto a los orcos con Zumalacárregui al frente y la otra, claro, con los Isabelinos.

Para acabar con la guerra, los del anillo junto a José Fago que es un capellán también bilbaíno, tienen que llevar la joya para destruirlo en el Monte del Olvido (que creo, CREO… que es el Monte Igueldo porque ya se sabe el pique que hay entre Vizcaínos y Guipuzcoanos)

Al final se salvan todos menos el alcalde de Miranda de Arga al que le dan la del pulpo.

Ah y Frodo se va al exilio en una trainera.

Mi opinión

Pues me gustó más la parte que escribió Pérez Galdós que la de Tolkien, pero la media está bien. Le daría 3 estrellas

 

Pues oye

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